A un mes de los incendios en la Comarca, los vecinos levantan sus casas gracias a la solidaridad

Hace un mes, el fuego que se desataba en distintos focos de incendios en la Comarca dejaba un panorama desolador: casas reducidas a cenizas, bosques totalmente consumidos por las llamas, barrios que prácticamente desaparecieron y una enorme cantidad de vecinos que quedaron con lo puesto.

A lo largo de este difícil mes, hay varias casillas que lograron levantar y ya las familias viven en su interior, otras que están en construcción, terrenos que continúan siendo limpiados para volver a armar una casa habitable. La mayoría, por no decir la totalidad, fue gracias a la solidaridad entre vecinos, de gente que llegó de afuera para ayuda, organizaciones que pusieron manos a la obra y los propios damnificados que sacaron fuerzas de donde no había, para poder volver a tener un techo donde vivir.

Fabián es maestro en San Martín de los Andes y este jueves llegó a la zona con la intención de ayudar. Sin conocer a nadie, la primera noche la pasó en una carpa improvisada que está ubicada sobre la ruta donde se reciben donaciones.  “Me pareció necesario venir a dar una mano”, dice y agrega “llegar acá y ver que la gente que perdió todo te recibe con tanta calidez, te llena el alma”.

En el lugar hay voluntarios de distintas ciudades que colaboran con la construcción. (Foto: Marcelo Martínez)

 

Así, los casos se repiten. Voluntarios que llegaron de Puerto Madryn, Comodoro Rivadavia, San Antonio Oeste, y otros puntos del país. “Dejan su vida en sus ciudades, su trabajo, su familia. Vienen y se quedan una semana acá ayudando, construyendo casas”, cuenta Daiana Puchi, una de las personas que coordina las donaciones que llegan.

“Todo lo que se ve construido después del incendio, fue por solidaridad, fue entre vecinos y con ayuda de voluntarios”, remarca la joven y agrega que “desde el Estado dicen que para junio van a tener las viviendas construidas con paneles, pero mientras tanto el frío ya llegó y hay familias enteras viviendo en carpas”.

Los vecinos intentan levantar sus viviendas antes de la llegada del frío. (Foto: Marcelo Martínez)

 

La lluvia no amainó el trabajo. Vecinos que van y viene con materiales donados, otros que lograron sacar madera de algunos árboles caídos. Todo esfuerzo es poco a la hora de volver a construir un espacio donde vivir y donde pasar los meses más fríos y crudos en la Patagonia.

En el barrio Parcela 26, Marcelo perdió su casa y su taller mecánico que se encontraba a pocos metros de la ruta. El incendio arrasó más de una docena de vehículos que tenía en su predio. Rápidamente y con la ayuda de amigos, logró levantar una precaria casilla donde ya vive. “Yo tuve la suerte de construir acá y rápido con la ayuda de amigos y gente que vino o mandó cosas de todos lados, pero no todos tienen la misma suerte”, dice reflexivo en el lugar.

“El invierno acá es crudo, hay un montón de gente con criaturas, gente grande que no tiene casa”, dice el mecánico y apunta contra los funcionarios: “Acá no apareció nadie. Nos dejaron baños químicos hace como un mes y nunca los vinieron a vaciar”. Mientras tanto, intenta armar nuevamente su taller, porque es uno de los tantos vecinos que además de perder su vivienda y quedarse con lo que llevaba puesto, también perdió su fuente de trabajo.

 

El paisaje se transformó por completo desde los incendios. (Foto: Marcelo Martínez)

 

En los incendios de 2011 Pablo ya había perdido su casa. Luego, con esfuerzo y trabajo, logró hacer una cabaña junto a sus hijos Gastón y Sebastián, pero nuevamente el fuego los dejó sin nada. De a poco, comenzaron a construir nuevamente, “la mayoría con lo que fuimos armando es con todo donado, la madera me la dio un chico de El Manso que es amigo de Seba,  como para levantar el techo y el resto ayuda de amigos y gente q me ha mandado plata, un pucho de acá un pucho de allá”, cuenta y agrega que las chapas fueron ayuda del municipio, aunque todavía no saben si recibirán ayuda para construir la vivienda nuevamente.

Los vecinos critican la falta de presencia del Estado en las zonas afectadas. (Foto: Marcelo Martínez)

 

“La gente de la Parcela 26 y de Ecoaldea son gente joven, con un espíritu tremendo, tienen una situación diferente y las donaciones les son de muchísima ayuda, hay vecinos que por principios no quería recibir nada, porque son gente de laburo”, relata Daiana y agrega que si bien todos los vecinos sufrieron pérdidas muy importantes, “muchos de la zona de las Golondrinas tienen otra situación económica y prefieren que los aportes solidarios vayan para quienes no tienen más alternativas”.

Los incendios dejaron un saldo trágico. Fallecieron tres personas como consecuencias de las quemaduras o heridas recibidas y más de 500 casas fueron afectadas por las llamas, en su mayoría, arrasadas por completo. El paisaje cambió por completo y lo que supo ser bosques y valles verdes, ahora son cientos de hectáreas ennegrecidas por el carbón. A pesar de todo, los vecinos intentan salir adelante y ayudarse mutuamente para tener un resguardo antes del crudo frío invernal. (ANB)

 

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